Domingo, 14 Mayo 2017 18:09

La política de inmigración de Trump provoca respuestas extremas en Texas y California

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Donald Trump quería poner la política de inmigración en el centro del debate en Estados Unidos y lo ha conseguido. En pocos meses, la política local y estatal por todo el país está siendo empujada hacia los extremos y ahondando las divisiones políticas. El ejemplo más grave hasta el momento es la ley antisantuario de Texas que obliga a todas las fuerzas locales a colaborar con la policía de inmigración y da amplios poderes para detener a inmigrantes sin papeles.

La ley es un antes y después en la política de Texas. El gobernador Greg Abbott firmó la llamada SB4 el domingo por la noche. Es la ley más extrema contra los inmigrantes ilegales en todo Estados Unidos. El texto quiere castigar a las ciudades definidas como santuario, es decir, que no entregan a la policía de inmigración a detenidos solo por razón de su estatus migratorio. Hay distintos niveles de esta política, pero en general cientos de ciudades aplican la política de no preguntar a sus ciudadanos, ni siquiera a los detenidos, si tienen papeles o no. En algunos sitios eso se llama santuario, una palabra que utilizó San Francisco para definir su política en este sentido pero que muchos rechazan. Eso se ha acabado en Texas. La nueva ley, que entra en vigor el 1 de septiembre, impone multas a policías que rechacen cumplir con las peticiones de la policía federal de inmigración (ICE) de retener a detenidos sin papeles para que puedan pasar a manos federales y ser deportados. Además, permite la política de enséñame los papeles, que permite a la policía parar a cualquiera por la calle para pedirle prueba de que se encuentra legalmente en Estados Unidos. Esa política abre la puerta a la discriminación racial, pues el color de la piel es la única manera en la que alguien puede ser sospechoso de no tener papeles.

Una ley similar en Arizona fue declarada inconstitucional. El mes pasado, varios jefes de policía locales, incluyendo los de Houston y Dallas, publicaron una carta en el Dallas Morning News, el principal periódico conservador del norte de Texas, oponiéndose a la medida con los mismos argumentos que las policías de todas las grandes ciudades de Estados Unidos. La ley “hará nuestras comunidades más peligrosas”, decían, porque deriva recursos de seguridad local para dedicarlos a una competencia federal. Y además, porque ahonda la desconfianza de la policía por parte de grandes sectores de las ciudades.

Los últimos datos del Pew Research Center (2014) indican que las ciudades de Houston y Dallas son la tercera y cuarta con más inmigrantes indocumentados (casi un millón entre las dos) de Estados Unidos, tras Nueva York y Los Ángeles. Son ciudades en las que hace años la policía llegó a la conclusión de que tener a más de medio millón de vecinos aterrorizados y sin hablar con la policía local por miedo a ser deportados era, en general, una mala política de seguridad.

La nueva ley está directamente inspirada por el extremismo del Gobierno federal sobre este asunto. Las órdenes ejecutivas del presidente Trump sobre inmigración indicaban que ICE debía buscar la colaboración de las policías locales en la detención de indocumentados y amenazaba a las ciudades que no lo hagan con retirarles fondos federales. Se trata de un mero desiderátum, pues Trump no tiene jurisdicción para obligar a las policías locales a hacer nada. Pero Texas ha decidido ponerse a la cabeza de las políticas extremas de Trump.

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